El Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social de Lima experimentó un fuerte aumento de visitantes desde la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia.
Desde el 28 de julio, cuando Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú, el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) comenzó a recibir una cantidad inusual de visitantes. Estudiantes, familias y adultos mayores se acercaron de manera espontánea al museo, que recuerda el período de violencia política que atravesó el país entre 1980 y 2000 y que dejó, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, 69.280 muertos y desaparecidos.
La llegada de la hija del exmandatario Alberto Fujimori al poder despertó preocupación entre sectores vinculados con los derechos humanos. Durante su discurso de asunción, la nueva presidenta no mencionó la palabra “memoria”, lo que alimentó las versiones sobre un posible cambio en la orientación del museo. Sin embargo, el ministro de Cultura, Alberto Beingolea, negó que el Gobierno tenga previsto clausurarlo, aunque afirmó que buscará modificar lo que considera una visión cultural dominada por la izquierda.
El LUM presenta una mirada sobre el conflicto que incluye tanto los crímenes cometidos por Sendero Luminoso y el MRTA como las violaciones de derechos humanos cometidas por agentes del Estado. Entre sus espacios se encuentran referencias a la captura de Abimael Guzmán y a la operación Chavín de Huántar, además de testimonios de familiares de víctimas. Para quienes defienden el museo, conservar esa diversidad de relatos resulta fundamental para evitar que la historia sea reconstruida desde una única perspectiva.
El debate adquiere especial sensibilidad por los antecedentes del gobierno de Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por graves violaciones a los derechos humanos. Familiares de víctimas recuerdan que durante su administración se aprobó una ley de amnistía que benefició a militares y policías involucrados en casos de abusos. El temor actual se profundizó luego de la aprobación de nuevas medidas de amnistía y blindaje para integrantes de las fuerzas de seguridad.
Mientras continúa la discusión política, el museo enfrenta además problemas de mantenimiento: algunas pantallas permanecen fuera de servicio y faltan elementos en determinadas salas. Para los defensores del LUM, la preservación del espacio no depende solamente de evitar un eventual cierre, sino también de garantizar los recursos necesarios para su funcionamiento. En medio de la incertidumbre, el incremento de visitantes muestra que una parte de la sociedad peruana busca volver a mirar su pasado y mantener abierto el debate sobre la memoria y los derechos humanos.





