El crecimiento del puerto de Puerto de Chancay ha convertido a Perú en un punto estratégico de la competencia global entre Estados Unidos y China, en un contexto de tensiones por el control y la supervisión de infraestructuras críticas en la región.
El conflicto se centra en la influencia de empresas chinas en la operación del terminal y en el alcance de la capacidad del Estado peruano para regular y fiscalizar su funcionamiento. Desde Washington se han expresado advertencias sobre una posible pérdida de control soberano sobre el puerto, mientras que China rechaza esas críticas y defiende la legalidad del proyecto.
El caso se intensificó a partir de decisiones judiciales internas en Perú que limitaron la supervisión de organismos reguladores sobre el funcionamiento del megapuerto, lo que abrió un debate político y jurídico sobre el modelo de gestión de infraestructuras estratégicas.
En este contexto, el puerto de Chancay se ha transformado en un nodo clave del comercio entre América del Sur y Asia, especialmente con China, reduciendo tiempos logísticos y reforzando su papel dentro de las rutas transpacificas. Esto incrementa su valor geopolítico en la región.
La situación ha generado un impacto más amplio en la política exterior peruana, que se ve presionada por las dos principales potencias globales en un escenario donde convergen intereses económicos, estratégicos y de soberanía nacional.




