En los años 90, la derrota de Sendero Luminoso devolvió la seguridad y permitió la llegada masiva de turistas. Con mejoras en los accesos a Machu Picchu, apertura de rutas y programas sociales, Cusco dejó atrás el aislamiento y consolidó el modelo turístico que hoy impulsa su economía.

A la par, se impulsaron mejoras en la infraestructura de acceso a los principales atractivos turísticos. La apertura y optimización de rutas terrestres y ferroviarias facilitó la llegada de turistas, reduciendo tiempos de viaje y fortaleciendo la conectividad del Cusco con otras regiones del Perú.

Con un entorno más estable y mejores condiciones de acceso, el turismo comenzó a consolidarse como uno de los motores económicos de la región. Esto permitió sentar las bases del crecimiento sostenido que, con el paso de los años, posicionó al Cusco como uno de los destinos turísticos más importantes de América Latina.

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