La candidata presidencial de Fuerza Popular rememoró el ataque terrorista que sufrió en Palacio de Gobierno a los 14 años para reafirmar su compromiso en la lucha contra la criminalidad. Fujimori sostuvo que dicha vivencia junto a su padre le enseñó que el terror se vence con «decisión política» y sin dar un paso atrás.
La ofensiva del terrorismo en la década de 1990 dejó miles de víctimas y obligó al Estado peruano a desplegar una estrategia integral de seguridad. En ese proceso, la captura de Abimael Guzmán en 1992 fue un punto de quiebre que debilitó significativamente la estructura de Sendero Luminoso y marcó el inicio del retroceso de la organización insurgente.
Durante el debate, el énfasis de Keiko Fujimori en ese pasado buscó conectar con una narrativa de firmeza frente a la violencia, en un contexto donde la inseguridad vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública. Si bien el terrorismo como fenómeno estructurado ha disminuido, aún persisten remanentes vinculados al narcotráfico en zonas como el VRAEM, lo que mantiene vigente la discusión sobre políticas de seguridad y defensa.
El uso de la memoria del conflicto interno también reabre debates en la sociedad peruana. Mientras algunos sectores destacan los resultados obtenidos en la lucha contra el terrorismo, otros cuestionan los métodos aplicados durante esa etapa y subrayan la importancia de respetar los derechos humanos en cualquier estrategia de seguridad.
Así, la intervención de Fujimori no sólo apeló a una experiencia personal, sino que volvió a poner en el centro de la escena una discusión histórica: cómo enfrentar amenazas a la seguridad sin repetir los errores del pasado, en un país donde la memoria del conflicto sigue siendo un tema sensible y vigente.




