Las intensas precipitaciones han dejado miles de afectados y graves daños en distintas zonas de Arequipa. En este contexto, han vuelto a circular imágenes del entonces mandatario supervisando acciones durante la catastrófica tormenta de 1998, lo que ha reabierto la discusión sobre qué ha cambiado en la forma en que el Estado enfrenta hoy las emergencias climáticas y cuál es el rol del liderazgo político ante este tipo de crisis.

Las intensas precipitaciones que afectan a Arequipa han dejado miles de damnificados, viviendas colapsadas y vías interrumpidas en distintos distritos de la región. La activación de quebradas y torrenteras, como la del Chullo, ha generado aniegos y huaicos que obligaron a desplegar maquinaria pesada y asistencia humanitaria en zonas críticas. La magnitud de los daños ha llevado a las autoridades regionales a solicitar apoyo extraordinario al Ejecutivo.

En medio de este escenario, han vuelto a circular imágenes de 1998, cuando el entonces presidente Alberto Fujimori se puso al frente de las acciones durante la catastrófica temporada de lluvias asociada al fenómeno del Niño. Los registros muestran recorridos por zonas inundadas, supervisión directa de obras de emergencia y coordinación con autoridades locales en pleno desarrollo de la crisis.

Durante aquel periodo, el Ejecutivo concentró esfuerzos en la reconstrucción de infraestructura dañada, el reforzamiento de defensas ribereñas y la habilitación de vías estratégicas para restablecer la conectividad. Fujimori adoptó un rol visible en campo, encabezando operativos y anunciando medidas desde las áreas afectadas, una imagen que hoy vuelve a ser compartida en redes sociales como punto de comparación.

La reaparición de esas escenas ha reactivado el debate sobre el liderazgo en momentos críticos. Mientras Arequipa enfrenta nuevamente lluvias intensas y desbordes, diversos sectores discuten si el estilo de conducción ante desastres ha cambiado con el paso de los años y qué tan determinante es la presencia directa del mandatario en situaciones de emergencia.

Así, la crisis actual no solo expone los desafíos estructurales frente a fenómenos climáticos recurrentes, sino que también coloca en el centro de la conversación pública el rol presidencial frente a escenarios de alto impacto social.

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