A varios años de las inundaciones provocadas por El Niño, la experiencia de trabajo anticipado y presencia en el territorio aplicada por el Estado vuelve a ponerse en perspectiva frente a la actual falta de planificación que mantiene a decenas de distritos en emergencia.
Durante el gobierno de Alberto Fujimori, las emergencias provocadas por el fenómeno de El Niño marcaron un punto de inflexión en la forma de intervención del Estado frente a catástrofes climáticas. La estrategia se basó en la anticipación, el despliegue rápido de recursos y la presencia directa del gobierno en las zonas afectadas, con operativos de asistencia, obras de contención y coordinación permanente entre fuerzas armadas, organismos técnicos y autoridades locales.
Ese modelo de gestión priorizó la acción inmediata en el territorio, con respuestas centralizadas que buscaban evitar el colapso de infraestructura básica y garantizar el abastecimiento de alimentos, agua y servicios esenciales. La lógica fue clara: reducir tiempos de reacción y llevar soluciones concretas a las comunidades más expuestas, en un contexto donde las inundaciones generaban aislamiento, pérdidas productivas y crisis sanitarias.
A la distancia, esa experiencia vuelve a ponerse en contraste con el escenario actual, marcado por la falta de planificación, la demora en la ejecución de obras preventivas y la ausencia de una estrategia integral de prevención. Hoy, decenas de distritos permanecen en emergencia sin respuestas estructurales, con poblaciones que dependen de soluciones parciales y asistencias intermitentes.
La comparación reinstala el debate sobre el rol del Estado en la gestión de riesgos y desastres naturales. Más allá de las diferencias políticas y contextuales, el antecedente de respuesta rápida y presencia territorial durante el fujimorismo vuelve a ser referencia frente a un presente donde la improvisación y la fragmentación de políticas públicas profundizan la vulnerabilidad de las comunidades afectadas.





