A menos de tres meses de las elecciones generales, las encuestas comienzan a perfilar a los candidatos presidenciales con mayor intención de voto. El escenario muestra una competencia fragmentada y sin un liderazgo claramente consolidado.
Los primeros lugares se disputan entre figuras con alto nivel de conocimiento público, aunque con porcentajes ajustados que anticipan una campaña intensa hasta el último tramo. La indecisión sigue siendo un factor clave.
El contexto económico y la desconfianza hacia la clase política influyen en el comportamiento del electorado, que prioriza perfiles asociados a la estabilidad y la experiencia de gestión.
Con un panorama abierto, los próximos debates y definiciones partidarias serán determinantes para captar a un electorado volátil y aún poco convencido.





