El régimen iraní mantiene un apagón digital mientras crecen las protestas y el número de víctimas no deja de subir.

Irán llegó a cumplir una semana prácticamente desconectado del internet global, en medio de una ola de protestas que lleva casi tres semanas y que, según organizaciones de derechos humanos, ya dejó más de 3,400 muertos entre manifestantes y agentes estatales.

El régimen justificó el bloqueo digital como una forma de frenar las movilizaciones, pero tanto desde dentro como desde fuera se interpreta como una medida para controlar la información, dificultar la coordinación ciudadana y limitar los reportes de la represión.

Las comunicaciones internas con restricciones y la casi ausencia de redes sociales han complicado el acceso de familias a información sobre sus seres queridos, y organizaciones internacionales han denunciado una escalada de violencia y violaciones a los derechos humanos.

Mientras tanto, el número de muertos continúa siendo objeto de debate entre fuentes oficiales y ONG, que advierten que las cifras reales podrían ser incluso mayores, en un clima de miedo y fuertes represiones.

Este escenario coloca a Irán en una de sus crisis sociopolíticas más profundas en años recientes, con consecuencias que trascienden fronteras por el impacto humanitario y las tensiones geopolíticas que genera la represión interna.

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