La ofensiva aérea dejó varios presuntos yihadistas muertos y se lanzó días después de un atentado que costó la vida a tres ciudadanos estadounidenses en territorio sirio.

Estados Unidos ejecutó una serie de ataques aéreos contra objetivos vinculados al Estado Islámico en Siria, en respuesta a un atentado reciente que provocó la muerte de tres ciudadanos estadounidenses. La operación fue confirmada por el Comando Central de ese país.

Según información oficial, los bombardeos alcanzaron decenas de instalaciones utilizadas por el grupo extremista, incluyendo centros logísticos y depósitos de armas. Las acciones buscaron debilitar la capacidad operativa de la organización en la zona.

El atentado que motivó la ofensiva ocurrió en un área bajo control de fuerzas de seguridad sirias, lo que generó preocupación por la infiltración de elementos radicalizados en estructuras estatales locales.

La respuesta militar estadounidense contó con apoyo de fuerzas aliadas en la región y se desarrolló de manera coordinada para reducir daños colaterales, utilizando armamento de alta precisión.

Autoridades norteamericanas señalaron que las operaciones contra el extremismo continuarán mientras persista la amenaza, reafirmando su presencia militar en Medio Oriente como parte de su estrategia antiterrorista.

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