Tras la destitución del entrenador brasileño Otavio Machado, una de las jugadoras de Géminis afirmó que el equipo “necesita un técnico que exija más”. La declaración reaviva el debate sobre la disciplina, el liderazgo y el nivel competitivo del voleibol femenino nacional.
El club Géminis de Comas atraviesa días de agitación luego de confirmar la salida de su técnico, Otavio Machado. La decisión, que en un principio pareció sorpresiva, fue respaldada públicamente por varias jugadoras del plantel. Una de ellas, en declaraciones a la prensa, señaló que “necesitamos un entrenador que nos exija más”, dejando entrever tensiones internas respecto a la metodología de trabajo y la intensidad en los entrenamientos. Este episodio, lejos de ser un hecho aislado, expone una problemática más profunda en el voleibol peruano: la falta de continuidad y planificación en los procesos deportivos.
Machado había llegado al equipo con la promesa de renovar su estilo de juego y potenciar el rendimiento físico del plantel. No obstante, los resultados no acompañaron y las diferencias con algunas deportistas se hicieron evidentes. Desde la directiva se argumentó que el cambio responde a la necesidad de “recuperar la identidad competitiva del club”. En tanto, las jugadoras manifestaron su deseo de contar con un entrenador que combine exigencia y empatía, pero que también fomente un ambiente de confianza y crecimiento.
El caso de Géminis refleja un fenómeno recurrente en el voleibol nacional: los procesos técnicos interrumpidos y la dificultad para sostener proyectos a largo plazo. En los últimos años, la Liga Nacional de Vóley ha sido escenario de constantes rotaciones de entrenadores, lo que ha afectado la consolidación de equipos y la formación de nuevos talentos. A ello se suma la brecha entre la estructura profesional y la base formativa, un tema que diversas voces del deporte vienen reclamando atender con urgencia.
Analistas deportivos sostienen que la crisis en Géminis debe verse como una oportunidad para replantear el modelo de gestión en los clubes. El talento individual sigue siendo alto, pero la falta de exigencia y planificación estratégica impide que las jugadoras alcancen su máximo nivel. La disciplina, el trabajo físico y la preparación táctica son los pilares que el vóley peruano necesita reforzar si quiere volver a competir con protagonismo en la región.
En un contexto donde la selección nacional también busca recuperar su lugar en los torneos internacionales, la autocrítica del plantel de Géminis resulta un gesto valiente. Reconocer que se necesita mayor rigor y profesionalismo es el primer paso para iniciar una reconstrucción. Más allá del ruido mediático, lo que está en juego no es solo el futuro de un club, sino la credibilidad de un deporte que supo dar gloria al país y que hoy busca, con humildad, volver a sus raíces de esfuerzo y entrega.





