El consumo de alcohol afecta al organismo de manera diferente según la edad, y los especialistas advierten que sus efectos pueden ser más dañinos de lo que se cree. A los 20 años, el cuerpo metaboliza el alcohol con mayor rapidez gracias a un hígado más activo y una mejor capacidad de regeneración celular, aunque los excesos igualmente dejan secuelas en el sistema digestivo y nervioso.
En la década de los 30 y 40, el metabolismo comienza a desacelerarse y el organismo tarda más en procesar el alcohol. Esto provoca que las resacas sean más intensas y que aumente el riesgo de acumulación de grasa en el hígado, además de alterar los niveles hormonales.
A partir de los 50, el consumo habitual puede tener consecuencias más serias: hipertensión, alteraciones en el sueño, daño hepático y mayor sensibilidad a la deshidratación. Los expertos recomiendan reducir la frecuencia y optar por bebidas con menor graduación alcohólica.
Finalmente, en la tercera edad, el cuerpo pierde masa muscular y agua corporal, lo que intensifica los efectos del alcohol incluso en pequeñas cantidades. Por eso, los médicos insisten en que cada década requiere una relación más consciente con el consumo y, en muchos casos, una disminución drástica para proteger la salud cardiovascular y mental.





